Es el año de 1625 en el chatteau de Montpellier, Madame Charlotte D' Ubray Duquesa de Montpellier, mujer hermosa con tez blanca como la leche, mejillas rojas como pétalos de rosa y cuerpo voluptuoso, autentico porte Real, que nos recuerda a la mismísima afrodita, Diosa de
El vestido es muy ancho, esta hecho de raso azul oscuro y brillante con bordados de hilo de plata y pequeños brillantes en algunas partes. Lady Montpellier tiene un gusto exquisito. El vestido va ceñido en el torso, es de ajustado corset y amplia falda, las mangas son abultadas a la manera de las princesas de la época. El vestido tiene un escote revelador y muestra parte de los prometedores pechos. Detrás de la cabeza una gola o media gorguera de fino encaje almidonado cuya manufactura elaborada solo podía ser costeada con una dama de la alcurnia de
La señorita Poisson comienza a peinar el dorado y resplandeciente cabello de su señora dejándolo caer en rizos sobre su cuello y pecho. Hermosos rulos dorados como rayos del sol caen de la cabeza de charlotte. Ahora es maquillada resaltando sus hermosos ojos azules y sus labios carmín que lucen jugosos y exquisitos. Lady Montpellier baja las escaleras de su palacio y el carruaje que la transportara al baile en la corte se estaciona frente a la puerta. Antes de irse su dama de honor le da el antifaz que usara durante la noche. Es un fino antifaz azul con bordes plateados a juego con el vestido que cubre del principio de la frente a la nariz y poco mas arriba de las mejillas. La señorita poisson se inclina y besa el borde del vestido de su ama como despedida y la duquesa sube al carruaje que no es demasiado lujoso para no revelar si identidad. Durante el trayecto Madame Charlotte recita algunos poemas dedicados a la diosa afrodita de la belleza y del amor y a la monarquía.
Finalmente la duquesa arriba al palacio real la entrada iluminada por antorchas fuegos artificiales y adornos, los carruajes llegan y dejan a las damas con sus ostentosos vestidos y a los caballeros con sus finos ropajes y van entrando en procesión al gran salón de los espejos del palacio. Todos con sus mascaras y casi imposible reconocer quien esta entrando al palacio, pero solo pueden entrar aquellos que lleven invitación. El baile de mascaras de la corte a diferencia de otros bailes y eventos cortesanos carece de las estrictas formalidades de la presentación de cada noble con sus nombres y títulos que ingresa al salón sino que una vez mostradas las invitaciones pueden ingresar libremente al salón en una especie de caos organizado y mezclarse y socializar libremente con quien sea sin saber su identidad. Esto permite una gran libertad y se presta todo tipo de jugarretas del destino. Al entrar por la puerta principal la ostentosa duquesa causa conmoción entre los cortesanos y una gran admiración, no falta quien asegura que solo puede tratarse de
Después de un rato de reverencias y formalidades cortesanas se convoca al primer baile en el cual no falta caballero que pida la primera pieza a la duquesa. Sin embargo cambia continuamente durante esta primera tanda de baile varias veces de compañero durante los minuetts con poca satisfacción e intriga de sus compañeros de baile. Al finalizar la primera tanda de acerca a hablar con algunas damas en la mesa de postres. Curiosamente una de las damas la reconoce y la lleva a un rincón apartado. Se trata de Su majestad
Fue cuando desde el otro lado del salón vio a un apuesto caballero, ambos hicieron contacto visual y aunque en un principio fingió indiferencia sintió curiosidad por el y le sonrió. El hombre se acerco a la duquesa. De todos los del salón tal vez era el único que podía hacer pareja con el estilo exquisito y ostentoso de madame Montpellier, llevaba una traje de montar de pantalones cortos abultados y mallas blancas con zapatos finos, jubón ajustado y mangas abultadas en la parte de arriba del brazo pero ceñidas en el resto y guantes. En el cuello una gorguera modesta. El traje era de color blanco pero el caballero usaba una capa negra de material liso como le traje y una mascara negra que cubría también de la frente a la nariz. El hombre no era de tez muy blanca y sus ojos cafés pero profundos. Disimuladamente el caballero se acerca y hace una reverencia a lady Montpellier, ella le ofrece su mano y el besa el guante liso y perfumado. Le pide que si le permite esa pieza a lo que la duquesa responde que si, se levanta y hace su propia reverencia y de la mano van a la pista. Comienzan bailando con un minuett, ella se siente bastante complacida con los modales del cabalero y su habilidad para la danza. Sin embargo nota un dejo de lujuria a través de la mascara de el. Ella misma no es inocente y siente deseo de tocar las piernas del noble. Durante el baile va creciendo la atracción entre ambos, ella admira su voz y el mismo tiene una fascinación con la voz de la bella dama. Permanecen bailando durante toda la serie de danzas. Al terminar ella le invita degustar vino. De inmediato el comienza a alabar su belleza, le habla de sus divinos cabellos dorados de sol, de su piel hermosa y de su voz celestial. Extrañamente la duquesa tan altiva y que al principio actuaba desdeñosamente comenzó a sonrojarse y a sentirse atraída por el. Comenzó a sentirse interesada en el, antes de que comenzara la siguiente danza ella fue tomada de la mano y delicadamente accedió a seguirle al balcón y bajar por unas escaleras hasta uno de los jardines del palacio, la luna era enorme y las flores olían y cautivaban los sentidos lo mismo que los dos nobles. El se arrodillo y beso su mano y poco a poco fue subiendo, un impulso y deseo creció en madame e impulsada por el anonimato respondió tomándole de las manos e invitándole a posar sus labios en los suyos, vino un apasionado beso de los dos enmascarados, ella se dio cuenta que su vagina estaba mojada y se sonrojo, el beso con pasión el cuello de la duquesa y bajo poco a poco por el manantial de su cuello a la fuente del mismo besando los generosos senos de la duquesa, la duquesa responde acariciando las piernas de su ahora amante y sube hasta sus glúteos. Ya entregados en su lujuria ambos amantes se tiran al césped y se besan con más pasión aun. El actúa rápido y antes de que la duquesa intente tomar su miembro viril el ya subió la ancha falda de de la noble acariciando sus piernas y subiendo lentamente hasta acariciar los muslos de charlotte por debajo de las ligas. El nota la humedad en la vagina de la duquesa y le dijo: Degustare el vino mas dulce de los frutos mas exquisitos, dicho este comenzó a lamer la vagina de de la duquesa, esta fuera de si y extasiada por el placer recibido solo dijo: OHHH mi príncipe!!!! Y tomo sus vestidos con fuerza a medida que su amante jugueteaba con la lengua en su clítoris. Madame de Montpellier, comenzó a gemir pero se contenía para no ser escuchada, tras lo cual pidió: mi príncipe hacedme tuya se mis señor esta noche y yo seré tu reina por la eternidad. El se acerco, madame fácilmente bajo los pantalones abultados, toco los órganos de sus amante, los apretó y tomo la espalda del caballero, acto seguido el penetro suavemente a la duquesa, ambos aun enmascarados suspiraron y comenzaron a moverse, el dulcemente besaba su cuello mientras ella disfrutaba del placer entre sus piernas, penetraba lentamente y poco a poco con mas intensidad, la duquesa sintiéndose plena y mas hermosa que nunca comenzó a perder el sentido de la realidad, del espacio y del tiempo y descuidadamente comenzó a gritar pero su príncipe la rescato de la falta de decoro al besarla profundamente ahogando sus gemidos y fundiéndolos en un beso intenso justo en el momento en que ambos tenían su orgasmo compartido y fusionaban sus cuerpos y almas en un gemido ahogado. La duquesa pierde casi el sentido y queda tendida en el jardín. La luna ilumina su cuerpo y sus durados rizos resplandecen junto con su sonrisa de satisfacción. Sin embargo el idilio es interrumpido cuando la misma Reina parece estar llamando a su amiga, las mascaras ya han sido retiradas y el baile a finalizado. El caballero no se despoja de su mascara y la duquesa tampoco pero el corre y escapa de ella. Rápidamente la duquesa se reincorpora como puede y se siente decepcionada de no poder ver el rostro de su príncipe que ha escapado, pero al re incorporarse siente algo, se levanta el vestido y atorada en el encaje de las medias encontró una pequeña carta la reina le hablo y ella de inmediato acudió a ella postrándose a los pies de su soberana y apretando la carta contra su corazón.